viernes, 19 de marzo de 2010

Un buen día

Su corazón latía de gozo y la gran sonrisa no podía desaparecer de su rostro. Se sentía feliz como hacía mucho tiempo que no se sentía, muy viva. Notaba la palpitación de cada músculo de su cuerpo, su agitada y desesperada respiración, los latidos profundos de su corazón y un ligero temblique en sus piernecitas a causa de no haberles permitido descansar en todo el día. Con las pupilas dilatadas, sus ojos verdes parecían a punto de salirse de sus órbitas y brillaban como no habían brillado nunca. Dos roales rojizos se habían mantenido en sus mejillas con el paso de las horas y le resultaba imposible camuflar la emoción que sentía en su interior. La electricidad corría por todo su cuerpo y podía sentirse plena, llena de energía aunque a la vez cansada por un día agotador. Euforia, esa era la palabra que la describía. Oh, sí, realmente aquel había sido un día memorable. Jamás hubiera pensado cuando abrió sus ojos aquella mañana que acabaría así.